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Con esta solemne y sentenciosa declaración presenta el Vaticano II a los fieles cristianos el misterio de la fe, de la Eucaristía.

Lo califica de Sacrosanto y dice que es: Sacrificio salvador, memorial perenne del Señor, sacramento de sacramentos, banquete pascual, prenda de salvación.

Preparamos una entrada procesional, cantamos una canción adecuada que muestre el sentido de Asamblea, por ejemplo: Celebremos o Juntos como hermanos.

El sacerdote puede iniciar la procesión con muchos signos que permitan adentrarnos al Misterio, además, puede estar acompañado por los lectores y los ministros de la Eucarístía.

¡¡¡La procesión de entrada y el canto manifiestan la condición peregrina de nuestra Iglesia!!!!

Después de la procesión hacia el Altar, el sacerdote realiza una reverencia y besa el Altar. Al culminar el canto de entrada el sacerdote inicia la Celebración y la preside desde la Sede y no desde el Altar.

Su saludo hace presente y representa la Iglesia Universal en la comunidad local.

Comenzamos la Celebración en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, el pueblo aclama con un fuerte Amén.

Como sugerencia la comunidad puede saludarse entre sí después del canto y antes del saludo del sacerdote (esto crea un clima de mayor acogida).

El misal nos presenta cuatro fórmulas para el Acto Penitencial: Yo confieso…; Señor, ten misericordia de nosotros…; Se reza con las intenciones por las que se pide perdón….; y con el rito de la aspersión.

Debemos recuperar el sentido penitencial de este momento, guardando el debido silencio y realizando de manera adecuada los ritos.

Es un himno antiquísimo en donde expresamos nuestra alabanza al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.